Monstruos simiescos

Monstruos simiescos

Desde la Edad Media, se han reportado avistamientos de monstruosas criaturas simiescas que acechan en la oscuridad de los bosques y las regiones montañosas del mundo. En 840 d.C., Agobard, el arzobispo de Lyon, habló de tres de esos demonios, "personas gigantes del bosque y las montañas", que fueron apedreados hasta la muerte después de ser exhibidos en cadenas durante varios días. En sus Crónicas, el abad Ralph de Coggeshall Abbey, Essex, Inglaterra, escribió acerca de un "extraño monstruo" cuyo cuerpo carbonizado había sido encontrado después de una tormenta eléctrica en la noche de San Juan Bautista en junio de 1205. Dijo que un terrible hedor vino de la bestia con "monstruosas extremidades".

Los aldeanos de las montañas del Cáucaso tienen leyendas de un "hombre salvaje" parecido a un simio que se remonta a siglos atrás. Lo mismo puede decirse de los tibetanos que viven en las laderas del monte. Everest y las tribus nativas americanas que habitan en el noroeste de los Estados Unidos. Los Gilyaks, una remota tribu de nativos de Siberia, afirman que hay animales que habitan en los bosques congelados de Siberia que tienen sentimientos humanos y viajan en unidades familiares. Según las descripciones de testigos presenciales de cientos de personas confiables de todo el mundo que se han encontrado con estas criaturas, parecería que las criaturas son más parecidas a las de los humanos que las de simio o oso. Por un lado, los testigos dicen repetidamente que estos gigantes tienen senos y nalgas. Ni los simios ni los osos tienen glúteos, ni dejan huellas de pies planos como humanos.

En 1920, el término "muñeco de nieve abominable" se acuñó a través de una traducción errónea de la palabra tibetana para el misterioso monstruo similar a simio, "salvaje de la nieve". Durante las siguientes dos décadas, los informes de la criatura eran comunes en la cordillera del Himalaya, pero no fue hasta el final de la Segunda Guerra Mundial (1939-45) que la atención mundial se centró en las inexplicables huellas humanas que se encontraban en grandes alturas y temperaturas bajo cero. La actividad del Himalaya alcanzó una especie de clímax en 1960 cuando Sir Edmund Hillary (1919-), conquistador del monte. Everest condujo una expedición en busca del elusivo Yeti y regresó sin nada que mostrara sus esfuerzos, sino con un sombrero de piel que había sido creado a semejanza del cuero cabelludo del muñeco de nieve.

A la criatura parecida a un ser humano -ya sea que se vea en las regiones más remotas, boscosas o montañosas de Norteamérica, Sudamérica, Rusia, China, Australia o África-, algunos antropólogos creen que es un mamífero de dos patas que constituye una especie de desaparecido vínculo entre la humanidad y los grandes simios, ya que su aspecto es más primitivo que el de Neanderthal. Las descripciones dadas por los testigos en todo el mundo son sorprendentemente similares. Altura: seis a nueve pies. Peso: 400 a 1,000 libras. Ojos: negro. Se dice que la piel oscura o el vello corporal de una a cuatro pulgadas cubren todo el cuerpo de la criatura con la excepción de las palmas de sus manos, las plantas de sus pies, y su área facial superior, nariz y párpados.

Algunos cuestionan la existencia de criaturas simiescas gigantes debido a que hay tan poca evidencia física además de moldes de grandes huellas humanas. Algunos investigadores responden señalando que la madre naturaleza mantiene una casa limpia. Los carroñeros pronto comen los cadáveres de las criaturas más grandes del bosque y los huesos se dispersan. El zoólogo Ivan T. Sanderson sugirió que si estos seres son miembros de una raza infrahumana, pueden recoger a sus muertos para enterrarlos en cuevas especiales. La Dra. Jeanne-Marie-Therese Koffman estuvo de acuerdo en que las criaturas podrían enterrar a sus muertos en lugares secretos. Puede ser, ella teorizó, que pueden arrojar los cadáveres del difunto en las aguas de los ríos de montaña o en los abismos de las cavernas rocosas. Otros recuerdan al escéptico que no es inusual que algunos de los animales superiores oculten los cuerpos de sus muertos. Los relatos del legendario "cementerio de elefantes" son bien conocidos; y en Ceilán, la frase "encontrar un mono muerto" se usa para indicar una tarea imposible.

Probar la existencia de tales criaturas puede parecer para muchos científicos una tarea imposible, pero los buscadores persistentes de evidencias innegables de los seres simiescos sienten que la prueba está a la vuelta de la esquina en un bosque oscuro.

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